martes, 10 de mayo de 2016

Durante la primera clase trabajamos el texto de Pantano, que es breve y puede parecer sencillo pero como han visto, aparecen muchos errores de interpretación, porque se lee desde el preconcepto. Es un texto muy crítico, escrito de forma muy amable. Por eso hemos sugerido su lectura y relectura.
Básicamente deben extractar del tema, como ideas centrales:
NO todos somos discapacitados. Un déficit no es necesariamente una discapacidad. No tener habilidad para aprender inglés, no es una discapacidad, en todo caso es una falta de capacidad, pero no afecta el normal desenvolvimiento de las actividades básicas de la vida. Quiere decir que si bien puede ser un problema a la hora de aprobar una materia o conseguir un determinado trabajo, no impide que uno trabaje, estudie, se bañe y se vista sólo, se haga la comida, tenga novio/a. Es imprescindible que comprendan estas diferencias.
Tener y no ser: la discapacidad es algo que se tiene no algo que se es. No es discapacitado, tiene una discapacidad. La discapacidad es sólo un aspecto de la persona, no define a la totalidad del individuo.
No hay capacidades diferentes ni son personas con necesidades especiales: todos tenemos las mismas capacidades, en todo caso, es un tema del grado. Algunos más y otros menos, por ejemplo, caminar: camino, me cuesta caminar, no camino. Pero la capacidad es caminar. Una capacidad especial sería volar. Y respecto a las necesidades, lo mismo, todos tenemos necesidades. Eso no nos modifica como personas. Podemostener necesidades especiales o específicas, no somos.
Estos eufemismos invisiblizan el problema: usar términos como los que nombramos recién evitan que enfrentemos la realidad: esta persona tiene un problema, y es necesario ocuparse para que pueda participar en la sociedad, en igualdad de condiciones.
Personas con discapacidad, no discapacitados: la persona como eje, no la discapacidad. A los efectos de este curso, y a partir de este momento, se utilizará, siempre que sea necesario señalar la discapacidad, como persona con discapacidad o persona sin discapacidad (no utilizaremos “normales” ni “convencionales”) Tampoco se permitirá que se hable de discapacitados.
Comenzamos la clase 3 recorriendo la última etapa de teoría. En esta clase veremos la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, hablaremos de discriminación y barreras. Como lectura obligatoria de la clase tiene el texto de la convención y un texto de Eroles-Fiamberti
La actividad obligatoria de la clase es un trabajo parcial de autoevaluación, que deberán completar en función de los textos olbigatorios.
El foro propuesto, para debatir sobre la película, es de intercambio y no obligatorio.
En esta clase terminamos todo el marco teórico. A partir de la clase 4 comenzaremos a hablar específicamente de actividad física.
Hasta aquí hicimos un recorrido por la base teórica en la que vamos a posicionarnos.
Repasemos algunas cuestiones básicas:
Tomamos como definición de discapacidad lo señalado en el Artículo 1º, inciso 2º de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad “Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás” Esta definición sostiene al menos dos aspectos importantes: por un lado, que existe un déficit, pero la relevancia del mismo, y la gravedad que esto reviste, reside en la posibilidad o no de participar en la vida social, de ejercer sus derechos como personas. En este sentido, y siguiendo la Convención, ambas instituciones comparten que es necesario “asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones, incluidos los sistemas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público” (Artículo 9º, nº 1 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad)
Para entrar en calor
Hasta aquí hicimos un recorrido por la base teórica en la que vamos a posicionarnos.
Repasemos algunas cuestiones básicas:
Tomamos como definición de discapacidad lo señalado en el Artículo 1º, inciso 2º de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad “Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás” Esta definición sostiene al menos dos aspectos importantes: por un lado, que existe un déficit, pero la relevancia del mismo, y la gravedad que esto reviste, reside en la posibilidad o no de participar en la vida social, de ejercer sus derechos como personas. En este sentido, y siguiendo la Convención, ambas instituciones comparten que es necesario “asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, la información y las comunicaciones, incluidos los sistemas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público” (Artículo 9º, nº 1 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad)
Todas las personas con discapacidad tienen derecho a gozar, sin discriminación alguna, de todos sus derechos. Ello incluye el derecho a no ser víctima de discriminación por motivos de discapacidad, así como por cualquier otro motivo como la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de cualquier otra índole, el origen nacional o social, el patrimonio, el nacimiento, o cualquier otra condición
Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad
¿Qué es?
La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad es un tratado internacional en el que se recogen los derechos de las personas con discapacidad así como las obligaciones de los Estados Partes en la Convención de promover, proteger y asegurar esos derechos. En la Convención se establecen también dos mecanismos de aplicación: el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, encargado de supervisar la aplicación de la Convención y la Conferencia de los Estados Partes, encargada de examinar cuestiones relacionadas con la aplicación de la Convención.
Los Estados negociaron la Convención con la participación de organizaciones de la sociedad civil, instituciones nacionales de derechos humanos y organizaciones intergubernamentales. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención el 13 de diciembre de 2006, y se abrió a la firma el 30 de marzo de 2007. Los Estados que ratifiquen la Convención estarán jurídicamente vinculados a respetar las disposiciones que en ella se recogen. Para los demás Estados, la Convención constituye una norma internacional que deben esforzarse por respetar.
¿Por qué es necesaria?
La Convención es necesaria a fin de tener una reafirmación clara de que los derechos de las personas con discapacidad son derechos humanos y de reforzar el respeto de esos derechos. Aunque los instrumentos de derechos humanos existentes ofrecen un potencial considerable para promover y proteger los derechos de las personas con discapacidad, quedó claro que ese potencial no se estaba aprovechando. De hecho, seguían sin reconocerse los derechos humanos de las personas con discapacidad y se las marginaba de la sociedad en todo el mundo. La continua discriminación de las personas con discapacidad puso de manifiesto la necesidad de aprobar un instrumento jurídicamente vinculante en el que se establecieran las obligaciones de los Estados de promover y proteger los derechos de las personas con discapacidad.
¿Cuáles son los principios?
¿Se definen en la Convención los términos de “discapacidad” y de “personas con discapacidad”?
En la Convención no figura ninguna definición de “discapacidad” ni de “personas con discapacidad” como tal. No obstante, en el preámbulo y en el artículo 1 hay aspectos que aclaran la aplicación de la Convención.
Es importante destacar varios elementos de estas disposiciones. En primer lugar, hay un reconocimiento de que la “discapacidad” es un concepto que evoluciona y que resulta de las barreras debidas a la actitud y al entorno que impiden la participación de las personas con discapacidad en la sociedad. Por tanto, el concepto de “discapacidad” no es fijo y puede cambiar de una sociedad a otra dependiendo del entorno prevalente.
En segundo lugar, no se considera la discapacidad como una condición médica, sino más bien como el resultado de la interacción entre actitudes negativas o de un entorno que no es propicio y no se ajusta a la condición de las personas en particular. Al hacer desaparecer las barreras debidas a la actitud y al entorno (en lugar de tratar a las personas con discapacidad como problemas que hay que resolver), esas personas pueden participar como miembros activos de la sociedad y gozar plenamente de todos sus derechos.
En tercer lugar, la Convención no restringe su cobertura a personas concretas sino que, más bien, identifica personas con discapacidad física, mental, intelectual o sensorial a largo plazo a las que se les aplica la Convención. Al utilizar el término “incluyen” se asegura que no se restringe la aplicación de la Convención, y los Estados Partes también pueden asegurar la protección de otras personas, como las personas con discapacidad a corto plazo o que se consideren parte de dichos grupos.
¿Dónde están las barreras?
El modelo de los derechos humanos supone que la discapacidad no se instala en la persona, sino que es la sociedad la que discapacita. No son las disminuciones o dificultades de las personas las que producen discapacidad, sino las barreras que la sociedad presenta. En una sociedad sin barreras, la discapacidad pierde sentido. Existe una fórmula sencilla que ayuda a entender esta postura, como nos enseñó el querido Carlos Eroles. Si multiplicamos el grado de déficit que tiene una persona por el grado de las barreras de la sociedad veremos que una persona que tiene una dificultad alta, viviendo en una sociedad que no presenta barreras (ni arquitectónicas, ni culturales, ni de accesibilidad de ningún tipo) seguramente no tendrá problemas para llevar una vida plena. 
 Una persona con una parálisis de los miembros inferiores puede ser un excelente abogado. Pero ¿puede ejercer su profesión si los tribunales tienen escaleras?
Es decir, cuanto más inclusiva es una sociedad, menos discapacidad para las personas. Discapacidad pensada como barreras para el ejercicio de los derechos. Discapacidad pensada como la dificultad de una persona para responder al grado de complejidad que la sociedad le impone
Discriminación
 Vamos a pensar sobre la naturaleza de la discriminación contra las personas con discapacidad siguiendo el Capítulo 1 de "Los Derechos de las Personas con Discapacidad" Eroles, Fiamberti:
Empecemos por definir
· Discriminación: es un no valor, una actitud negativa y hostil que vulnera los derechos del ser humano.
· 1: Formas de la discriminación y grupos discriminados (por Allport) se dividen en cinco grados: 
  1. Hablar mal (grado moderado): Éste modo de discriminación genera barreras y obstáculos para separar a las personas que se encuentran en grupos culturales diversos.; 
  2. Evitar el contacto (prejuicio intenso): Segregar a través de evitar el contacto con el diferente; 
  3. Discriminación Institucionalizada: El grupo discriminador logra que la ley imponga leyes segregadoras; 
  4. Ataque físico: Violencia física; 
  5. Exterminación: Linchamientos, matanzas, genocidios.
Acciones típicas discriminatorias
Agentes discriminadores
1.- Funcionarios públicos
2.- Personas individuales y familias
3.-Empresas y otras personas jurídicas
4.-Organizaciones políticas, religiosas, grupos, etc-
Entidades discriminadas
1.- Personas individuales
2.- Colectivos y organizaciones
Modalidades
1.- Actos esporádicos
2.- Actos sistemáticos
3.- Actitudes (psico-social)
4.- Políticas discriminatorias
Causales de discriminación
1.- Rasgos o condiciones: Raza, ideología, color,sexo, edad, discapacidad)
2.- Condicionamientos culturales (idioma, religión, nacimiento, posición económica)
3.- Condición jurídica: extranjero
4.- Decisiones personales del discriminador
Finalidades discriminatorias
1.- Aislamiento, separación
2.- Discriminación p. dicha
3.- Eliminación, destrucción, aniquilamiento

Discriminación
Contra las personas con discapacidad
La discriminación no siempre es con el fin de dañar al otro. La invisibilidad, de no tener en cuenta al otro, es un acto discriminador.
2001: Convención Interamericana para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra las Personas con Discapacidad se le presenta proyecto que se presenta en el 2002, pero es rechazado. Se siguió insistiendo hasta el 2008.
2003: Acuerdo interorganizacional del 2001 pasa a llamarse “Comité para la Evaluación del Seguimiento de la Convención Interamericana Para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra Personas con Discapacidad” El texto presenta el fallo del proyecto como discriminación invisible, ya que éste no fue rechazado con argumentos, si no que simplemente fue dejado de lado.
 Los invito a pensar sobre las acciones discriminatorias y a investigar sobre el significado de las "acciones afirmativas"
De prejuicios y fantasías
Carlos Eroles, quién tenía una enfermedad autoimune que le producía una seria discapacidad motriz, dice que la primera forma de discriminación es rechazar la idea de que uno es una persona con discapacidad. Compara su discapacidad con un padeciente de Síndrome de Down, señalando que es más lo que los une que lo que los separa.
Nos seññala la importancia que las personas con discapacid luchen ellos por sus derechos, ya que los están viviendo en carne propia. Y acusa de discriminación a los argumentos y omisiones de parte de gente que no padece ninguna discapacidad. Dice que la gente con discapacidad no necesita comprensión sino derechos que se cumplan.
Nos señala además dos formas de discriminación: la discriminación con inocencia y la que se encuentra en el marco familiar de una persona con discapacidad. Da como ejemplos dos casos:
a) Mi hijo no parece un down; por lo tanto, aunque muchos médicos y educadores me han dicho que mi hijo lo es, yo eso no lo acepto. Mi hijo no necesita nada al respecto.
b) Mi hijo es un down. Pobrecito, yo me voy a ocupar siempre de él. Porque el no puede hacer nada, pero su papá y su mamá lo vamos a proteger.
El sobreproteccionismo y la negación es una forma de negarle los derechos al sujeto en cuestión. 
¿Sociedad Inclusiva?
Dijimos que el modelo da forma a las prácticas. Sostenemos entonces que el modelo médico deja afuera aspectos fundamentales en la vida de las personas, no se ocupa de asegurar el pleno ejercicio de los derechos humanos en las personas con discapacidad. Ahora, si la sociedad es la que discapacita, también es la que debe incluir. Las personas tienen derecho a la recreación y el esparcimiento. Recodemos que estamos planteando considerar a la discapacidad como un fenómeno complejo, que no se limita simplemente a un atributo de la persona, sino que es el resultado de un conjunto de condiciones, muchas de las cuales son creadas por el contexto social. Por eso, para que una sociedad sea inclusiva es necesario que proporcione a las personas el apoyo que necesitan para poder ejercer estos derechos en igualdad de condiciones, y esto significa muchas veces realizar acciones afirmativas, o ajustes razonables.

Pero ¿cómo se traduce ésto en hechos?

 Los invito a mirar un corto El Circo de la Mariposa y a compartir su análisis. Les pido que analicen la película tratando de incorporar los temas teóricos que venimos recorriendo.

Historia del Deporte Adaptado

HISTORIA DEL DEPORTE ADAPTADO
El primer registro de deporte adaptado se remonta a 1847, cuando un austriaco de apellido Klein editó un libro llamado "Gimnasia para ciegos". Entre 1888 y 1900 se llevó a cabo en Alemania el Primer Programa de Deportes para Sordos y en 1922 se fundó el Comité de Deportes para Sordos en Holanda, así como el primer club de motociclistas discapacitados. Posteriormente, en 1924, la Comunidad Internacional de Personas Invidentes acudió a París para las competencias que se llevaron a cabo a la par de los Juegos Olímpicos disputados en esa ciudad.
El deporte de minusválidos tiene sus inicios en el hospital de Stoke Manderville (Inglaterra) gracias a la figura del Doctor Ludwin Guttmann ( neurólogo y neurocirujano del Hospital de Lesionados Medulares de Stoke Mandeville). En este hospital había un gran número de personas con lesiones medulares y amputados, entre otros, a causa de la Segunda Guerra Mundial. En 1946, Guttman introdujo por primera vez el Deporte en silla de ruedas. En un principio Guttman buscaba a través del deporte restablecer el bienestar psicológico y el buen uso del tiempo libre del paciente, pero al tiempo se dio cuenta que la disciplina deportiva influía positivamente también en el sistema neuromuscular y ayudaba a la reinserción de la persona en la sociedad. Guttmann pretendía utilizar el deporte como forma de rehabilitación, lo que le llevó a organizar, en 1948, la primera competición para este colectivo. Visto el éxito y el buen resultado terapéutico que tuvieron, dicha competición empezó a celebrarse anualmente, siendo cada vez mayor la participación, las disciplinas deportivas, las diferentes minusvalías y los países participantes.
El trabajo de Guttman, quien gracias a su labor fue nombrado Caballero por la Reina Isabel de Inglaterra, comenzaba a rendir sus frutos a nivel mundial, pues en 1960, en Roma, se disputaron los primeros Juegos Olímpicos sobre silla de ruedas (después rebautizados como Paralímpicos) a continuación de los Juegos Olímpicos.
Las actividades impulsadas por Guttman comenzaron con el tiro con arco, el básquetbol en silla y el atletismo, para luego continuar con muchos otros deportes hasta llegar a implantar en 1960 la halterofilia (levantamiento de pesas). En 1948 se llevaron a cabo los primeros juegos nacionales en silla de ruedas en Stoke Mandeville, de manera simultánea a los Juegos Olímpicos en Londres.
Estos Juegos pasaron a ser Internacionales cuando en 1952 se sumaron los Holandeses. En 1952 se integró Holanda a los Juegos de Stoke Mandeville, y debido al interés creado y a la incorporación de varios deportistas cada año, actividades como el lanzamiento de bala y de disco, el básquetbol, la esgrima, el levantamiento de pesas, el tiro con arco, los bolos, la carrera de velocidad, la natación, el tenis de mesa y el pentatlón debieron ser reglamentadas y adaptadas para su práctica en silla de ruedas.
Al mismo tiempo, en Estados Unidos el básquetbol en silla de ruedas se desarrollaba con furor. El equipo "Flying Wheels" (Ruedas Voladoras) de California realizó una serie de presentaciones en su país y gracias al impacto que causó, en 1949 se realizó el Primer Torneo Nacional, a partir del cual se conformó la National Wheelchair Basketball Association (NWBA).
El surgimiento del deporte adaptado en Latinoamérica tuvo lugar en la década de los años cincuenta como consecuencia de la epidemia de poliomielitis que azotó a esta región. Fue en esta década cuando la discapacidad adquirió otra dimensión, debido a que estos países se encontraron con una gran cantidad de personas con discapacidad, casi en la misma dimensión que en una posguerra, con la gran diferencia que en esta ocasión eran niños.
Argentina no sería la excepción. Con las epidemias de esa enfermedad acaecidas en 1956 y 1957 se creó la infraestructura necesaria para combatir y sobrellevar la problemática de la población afectada. A raíz de esto comenzaron las actividades para personas con discapacidad en nuestro país, entre ellas el deporte adaptado.
El Instituto Marcelo J. Fitte fue la primera institución argentina en trabajar con deportistas en silla. Los profesores Héctor Ramírez y Héctor Moguilevsky fueron sus precursores, y los deportes que se practicaron fueron básquetbol, atletismo y natación. Argentina participó en los Primeros Juegos Paralímpicos en 1960, obteniendo cinco medallas en natación, siendo el único país latinoamericano del total de 23 que integraron la nómina.
Al igual que los Juegos Olímpicos, los Juegos Paralímpicos hicieron su aparición cada cuatro años, y en cada evento el número de naciones y atletas participantes fue en aumento. En Roma sólo participaron parapléjicos que practicaban deportes sobre silla de ruedas; para 1976, en Toronto, se permitió por primera vez que compitieran deportistas amputados y con deficiencia visual y en 1980 en Arnhem (Holanda), se incorporaron personas afectadas por parálisis cerebral y les autres (los "otros", en francés), es decir, aquellos atletas con discapacidad que no encuadran en ninguno de los grupos anteriores.
En los últimos Juegos Paralímpicos realizados en Atenas, en 2004, hubo seis mil participantes (cuatro mil deportistas y dos mil guías y asistentes) representando a 146 países. Se practicaron 19 disciplinas deportivas, 16 de las cuales son compartidas por los Juegos Olímpicos y tres son exclusivas de los Juegos Paralímpicos: boccia (similar a los bolos), goalball (un deporte para atletas con disminución visual) y quadrugby (rugby en silla de ruedas).
Aparte de los deportes de competencia, tanto los americanos como los europeos prácticamente no han dejado deporte sin adaptar, desde el hockey sobre hielo hasta el parapente (paracaídas rectangular), desde el alpinismo hasta el buceo. No se han olvidado del descenso en caminos de montaña pero en vez de bicicleta de montaña se usan sillas especiales. Incluso hay deportes en sillas eléctricas para las personas con mayores limitaciones, como el power soccer (fútbol con pelota gigante) y el power jockey , entre otros.
- Deportes campestres: camping, senderismo, equitación, cabalgata y cross country.
- Deportes aéreos: parapente, paracaidismo, aladeltismo, piloto aéreo (con mano-control), ultraliviano y planeador.
- Deportes de motor: automovilismo, rally , karting , fulltrack , travesías en vehículos 4x4, motonáutica y lanchas.
- Deportes de montaña: puenting (salto desde un puente, con cuerda no elástica, mediante el cual se produce un movimiento pendular), esquí alpino, esquí nórdico, escalada, rappel aéreo y descenso en rippio (silla de montaña).
- Deportes acuáticos: esquí acuático, buceo, velerismo, remo, windsurf , kayak y rafting (descenso en balsa).


COMITÉ PARALÍMPICO ESPAÑOL (CPE)
Siguiendo la estructura del movimiento paralímpico internacional, el 6 de septiembre de 1995 se constituyó el Comité Paralímpico Español. Un tiempo antes, en 1992 se había creado el Comité Paralímpico Internacional (IPC), una vez acabados los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92. Con la creación del IPC, se consiguió establecer en el deporte de minusválidos una estructura similar a la del deporte olímpico, siendo la principal diferencia entre el IPC y el Comité Olímpico Internacional que la organización de discapacitados está formada por federaciones de tipos de minusvalías, y no por federaciones específicas de cada deporte.
El Comité Paralímpico Español, de acuerdo con los principios y normas de IPC, nació siendo un organismo sin ánimo de lucro y con personalidad jurídica propia, cuyos fines fundamentales son:
- Desarrollo y perfeccionamiento del deporte, estimulando y orientando su práctica y la preparación de las actividades que tengan representación en los Juegos Paralímpicos.
- Fortalecimiento del ideal Paralímpico entre los españoles, mediante la adecuada divulgación de su espíritu y filosofía.
- Colaborar con las Federaciones Españolas afiliadas a las Federaciones Internacionales, reconocidas por el Comité Paralímpico Internacional.
En este Comité Paralímpico se integran las cinco Federaciones Españolas de Deportes para Minusválidos legalmente reconocidas y que son las siguientes:
- Federación Española de Deportes de Minusválidos Físicos (FEDMF). Madrid
- Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectual (FEDDI). Madrid
- Federación Española de Deportes para Ciegos (FEDC). Madrid
- Federación Española de Deportes de Paralíticos Cerebrales (FEDPC). Madrid
- Federación Española de Deportes para Sordos (FEDS). Málaga
De este modo el Comité Paralímpico Español se configura como el órgano de unión y coordinación de todo el deporte para personas con discapacidad en los ámbitos del Estado Español e Internacional, en estrecha colaboración con el Consejo Superior de Deportes.
Aunque la F.E.D.S. es un miembro integrante del Comité Paralímpico Español, el deporte para sordos no está incluido en la estructura del Comité Paralímpico Internacional por decisión del Comité Internacional de Deportes para Sordos, ni participa en los Juegos Paralímpicos. Por esta razón, y al ser el objetivo primordial de este Comité la preparación de los deportistas paralímpicos, el deporte silencioso no recibe ayudas económicas del Comité Paralímpico Español.
Hechos mas relevantes protagonizados por el CPE
Desde la reciente creación del C.P.E. en 1995, han tenido lugar los Juegos Paralímpicos de Verano que se celebraron en 1996 en Atlanta y en el 2000 en Sidney así como los Juegos Paralímpicos de Invierno de Nagano en 1998 y Salt Lake City en el 2002.
Así pues, ha sido en estos cuatro eventos en los que el Comité Paralímpico Español, en su corta trayectoria, ha volcado todos sus esfuerzos para conseguir que el prestigio alcanzado por nuestros deportistas en los últimos años, no sólo se mantuviera sino que, en la medida de lo posible, se incrementará.
TRAYECTORIA ESPAÑOLA EN LAS PARALIMPIADAS (1996-2002)
- Atlanta 1996: En estos Juegos, España obtuvo el 5º lugar en el medallero con 106 medallas de las cuales 39 fueron de oro, 31 de plata y 36 de bronce. Las expedición española estaba formada por 288 personas. Deportes en los que participó: atletismo, baloncesto, boccia, ciclismo, esgrima, futbol-7, goallball, natación, tenis de mesa, tiro olímpico, tiro con arco.
- Nagano 1998 (Juegos de invierno): En esta edición la Delegación Española estuvo compuesta por 34 personas obteniendo 8 medallas de oro en esquí alpino que nos situó en el 7º lugar en el medallero.
- Sidney 2000 : En el año 2000 España subió una posición en el medallero quedando en el 4º lugar. En este caso las medallas obtenidas fueron 102 (37 de oro, 28 de plata y 37 de bronce). El número total de miembros de la expedición fue de 327. Además de las disciplinas en las que participó en Atlanta 1996, esta edición tambien lo hizo con tennis y judo.
- Sant Lake City 2002 (Juegos de invierno): La equipo español obtuvo 7 medallas siendo 3 de oro, 2 de plata y 2 de bronce posicionando a España en el 12º lugar del medallero por países. En esta ocasión la delegación estuvo compuesta por 25 personas que participaron de nuevo en la modalidad de esquí alpino.
CONCLUSIONES
El deporte adaptado es uno de los factores de mayor incidencia positiva en una persona con capacidades especiales, ya que la ganancia obtenida no reside en una medalla, sino en lo que el deporte contribuye a su reinserción social, en mejorar su autoestima y crear un ámbito que diluye la imagen negativa y autodestructiva de ellos mismos, que es su gran fantasma.
Las ganas, la decisión y la fortaleza de las personas con discapacidad para realizar deportes y sentirse realizados, aún contra el desconocimiento de la sociedad, demuestra las ganas de vivir de las personas y el hecho de que sus posibilidades de desarrollo se fundan en sus capacidades y no en la falta o ausencia de alguna en particular.


jueves, 18 de febrero de 2016

Fechas de Mesa de Exámenes

Martes 23 de febrero y 8 de marzo del 2016 a las 15:00 horas en aula Nº 3

miércoles, 13 de agosto de 2014

A todos os alumnos de EFA 2014 lo citamos en forma urgente para el martes 19 de agosto a las 12:30 aula 6¡¡

A todos os alumnos de EFA 2014 lo citamos en forma urgente para el martes 19 de agosto a las 12:30 aula 6¡¡

domingo, 10 de agosto de 2014

La discapacitación social del diferente

La discapacitación social del diferente A través de una sucinta revisión de los modelos a través de los cuales se define e interviene en el campo de la discapacidad, se plantea que la discapacidad no está en los cuerpos de las personas que poseen diferencias biofísicas, sino que se encuentra en el cuerpo social, en la construcción de entornos y situaciones discapacitantes
Por Mauricio Mareño Sempertegui , Departamento de Discapacidad de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) Regional Córdoba Capital. Becario Investigador SECyT – UNC, y Fernanda Masuero, Lic. en Ciencias Políticas.INTRODUCCIÓN
A lo largo de los últimos treinta años se han venido sucediendo importantes avances orientados a definir y conceptualizar el fenómeno de la discapacidad desde el campo de las ciencias sociales, al menos en occidente. Si bien los esfuerzos por precisar su significado, así como su origen y sus manifestaciones pueden remontarse a las primeras décadas del siglo XX, los tres últimos decenios presentan una acentuada proliferación. En Argentina este proceso fue iniciado en los años ochenta por la socióloga Liliana Pantano, sin embargo, recién a finales de la década del noventa se observa el surgimiento de interesantes producciones al interior de grupos de investigación de Universidades Nacionales y de Organizaciones Sociales relacionadas con la temática
Si efectuamos una revisión de los esquemas conceptuales a partir de los cuales se define e interpreta la discapacidad en occidente, se observa que distintos modelos han predominado y coexistido según momentos históricos y contextos socio-culturales diversos. En este sentido, consideramos substancial hacer hincapié en las implicaciones prácticas que las distintas concepciones tienen en la vida cotidiana de las personas en situación de discapacidad y en las relaciones sociales en general(1). Estos modelos de conceptualización e interpretación generan representaciones y visiones que confieren fundamento a las políticas e intervenciones sociales del Estado y de sus instituciones, a las iniciativas promovidas por organizaciones no gubernamentales y empresas privadas, a las prácticas y a las actitudes de la sociedad en general. En consecuencia, impactan en la cotidianeidad de las personas en situación de discapacidad y en sus posibilidades de acceso, relación y participación en los circuitos de producción, intercambio y consumo de bienes y servicios, tanto materiales como simbólicos. En estas páginas pretendemos realizar una breve caracterización de los cuatro modelos de discapacidad más influyentes en occidente, identificando algunas de las limitaciones y de los aportes que presentan para la comprensión y abordaje de
este fenómeno social. Hacemos alusión a los antagonistas modelo Individual y modelo Social, al modelo Bio-Psico-Social proclamado como alternativa de síntesis, y al modelo de la Diversidad de reciente desarrollo conceptual. Para terminar esbozamos algunos aspectos que a nuestro entender nos aproximan a su comprensión real(2).
MODELOS OCCIDENTALES CONTEMPORÁNEOS
El Modelo Individual
Esta perspectiva también denominada modelo Médico o de Rehabilitación se caracteriza por la medicalización de la discapacidad. Siguiendo a Oliver (1983) lo definimos como Modelo Individual, ya que localiza el “problema” de la discapacidad dentro del individuo y analiza sus causas como consecuencias y repercusiones de enfermedades exclusivamente.
Si bien las raíces de esta perspectiva pueden remontarse a los inicios del capitalismo y a la configuración moderna de la profesión médica, estimamos que se formaliza y legitima definitivamente como “modelo” en los años „70 del siglo XX a partir de los trabajos del Dr. Philip H. N. Wood, cuyos argumentos confluirán en la Clasificación Internacional de las Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Documento que representa la síntesis de los enfoques individuales del siglo XX.A inicios de la década del „70 del siglo XX, la OMS se planteó la necesidad de revisar sus criterios de medición de la salud en la población. Estos criterios: el Diagnóstico y la Mortalidad, formaban parte de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y problemas relacionados con la salud (CIE), sin embargo, se estableció que era fundamental considerar otras medidas de salud que contemplaran los aspectos relacionados con las repercusiones de las enfermedades en el individuo, tanto en su propio cuerpo como en su actividad y en su relación con el entorno(3). Después de varias formulaciones y revisiones, la OMS encarga a Wood la elaboración de una clasificación que responda a esos objetivos. Esta fue puesta en marcha en 1976 y publicada, con carácter experimental, en 1980 bajo el nombre de Clasificación Internacional de las Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM).Desde esta visión, la discapacidad tiene origen en una deficiencia, entendida esta última como toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. En este sentido la CIDDM plantea que la discapacidad es toda restricción o ausencia -debida a una deficiencia- de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano(4). El modelo individual, entonces, alude a la discapacidad en términos de enfermedad. La concibe como consecuencia de una deficiencia a ser erradicada -en la medida de lo posible- a partir del principio de normalización y su
correlato en el campo de la salud: la rehabilitación. De este modo, considera que las personas en situación de discapacidad quizás puedan integrarse y aportar algo a la sociedad, siempre y cuando sean rehabilitadas, o en otros términos, normalizadas. Creemos que este modelo presenta más limitaciones que aportes para la comprensión del fenómeno:
1. Es un modelo exclusivamente patológico, que al concebir la discapacidad como una consecuencia de la enfermedad, la abstrae de toda circunstancia socio-cultural, restringiendo las posibilidades de análisis del sistema de relaciones históricas y sociales del cual necesariamente forma parte.
2. Su concepción de discapacidad como condición y atributo personal instala “la dificultad” en el individuo que no puede adaptarse a las necesidades y exigencias del sistema social en el cual está inserto. Por ende, sus posibilidades de interacción y participación social son definidas como una responsabilidad netamente individual, y supeditadas a las probabilidades de rehabilitación.3. Su estructura conceptual se basa en una mono-causalidad biológica y en el supuesto médico de la normalidad funcional, que aquí denominaremos normalidad bio-médica. Así, el eje de análisis se centra en el cuerpo, en sus desviaciones y deterioros. En este sentido, se puede plantear que es un enfoque de perfil normalizador y biologista.
El Modelo Social
Se podría afirmar que el origen, desarrollo y configuración de este modelo se generaron a partir de la crítica y rechazo de los postulados del enfoque expuesto anteriormente. De esta manera, su presupuesto fundamental alega que las causas que originan la discapacidad no son biológicas, sino sociales(5). Este modelo fue construido por el sociólogo inglés Michael Oliver a inicios de los años „80, a partir de los aportes y la influencia de activistas en situación de discapacidad y sus organizaciones, quienes desde la década del „60 analizaban críticamente el fenómeno desde su experiencia personal. Uno de los aportes centrales de esta perspectiva es la redefinición de la discapacidad a partir de su diferenciación de la concepción de deficiencia: la deficiencia es definida como la carencia parcial o total de uno o todos los miembros, o la posesión de un miembro, órgano o mecanismo del cuerpo defectuoso y la discapacidad como la desventaja o la limitación en la actividad causada por una organización social contemporánea, que tiene escasa o ninguna consideración por las personas con deficiencias físicas, y que por lo tanto, las excluye de la corriente principal de las actividades sociales(6). La discapacidad es descripta entonces como una forma específica de opresión social, de sometimiento social; es una situación impuesta a las personas con deficiencias por la forma en que se las aísla y excluye innecesariamente de la
plena participación en la sociedad. En esta lógica, la sociedad discapacita a las personas con deficiencias(7).
Se enfatiza también la importancia de que las personas en situación de discapacidad obtengan el control de sus vidas, control históricamente asumido por los profesionales de la rehabilitación y sus instituciones. En este sentido, se rechaza la segregación y la institucionalización y se destaca que el eje central no radica en hacer el bien a las personas con deficiencias o de proporcionarles asistencia social. Sino en promover el ejercicio de sus derechos civiles de igual modo que las personas sin deficiencias(8). A diferencia del modelo medicalizado, esta perspectiva presenta al menos cuatro premisas, que constituyen un aporte fundamental para redefinir el fenómeno, aproximarse a su naturaleza real y, por ende, orientar la investigación y la intervención en este campo desde una perspectiva superadora:
1. Incorporar la experiencia personal de las personas en situación de discapacidad al análisis y definición del fenómeno, de sus necesidades y demandas y de las eventuales modalidades de resolución. Componente omitido por los modelos biologistas.
2. Trascender la medicalización del fenómeno a partir de la incorporación del ambiente físico, social y actitudinal como condiciones objetivas determinantes. En el modelo individual el contexto es concebido como mero escenario, aquí se constituye en un actor categórico.
3. Reconocer a las personas en situación de discapacidad como personas con derechos civiles, a diferencia del modelo medicalizado donde se los concibe como sujetos enfermos a normalizar, y por ende a rehabilitar; como sujetos pasivos merecedores de asistencia social exclusivamente.
4. Redefinir la discapacidad como una situación social creada por los hombres, diferenciándola del concepto de deficiencia, que alude a una condición biológica.
Sin embargo, pese a estos aportes presenta dos importantes limitaciones:
1. Por un lado, su estructura conceptual no incorpora a las deficiencias en el análisis del fenómeno, subestimando la incidencia de estas en la vida de las personas en situación de discapacidad.
2. Por el otro, no consigue desligarse de la supuesta normalidad biomédica característica del modelo medicalizado.
Al referirse a deficiencias, insuficiencias, alteraciones, miembros defectuosos, etc., se basa en el mismo patrón biológico-médico que estructura el modelo individual.
En ese sentido, pese a su crítica y oposición a este modelo, paradójicamente, comparte con él la “ideología de la normalidad”(9).
En otros términos, el enfoque social distingue acertadamente discapacidad de deficiencia, sin embargo, esta última mantiene aún su carácter de anormalidad. No plantea normalizar los cuerpos, como en el modelo individual, pero estos continúan siendo percibidos y aceptados como cuerpos anormales.
El Modelo Bio-Psico-Social
Este enfoque propuesto por la OMS en el año 2001, se autodefine como la integración de los modelos antagónicos antes señalados. A partir de las numerosas críticas efectuadas a la CIDDM, dentro de las cuales se cuestionaba el esquema causal-lineal subyacente, la categorización de situaciones limitantes y de desventaja, y la omisión del contexto, la OMS inicia un extenso y complejo proceso de revisión de esta clasificación, que como se mencionó, representa la concreción de los enfoques individuales y medicalizados de la discapacidad. El periodo de aplicación de la CIDDM supera los veinte años y su proceso de revisión, iniciado oficialmente en 1993, se prolongó por casi una década, hasta la publicación en mayo de 2001 de la nueva CIDDM, denominada Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF)(10). En un contexto donde, por un lado, cada vez se hacían más evidentes las limitaciones del modelo individual para captar la complejidad del fenómeno de la discapacidad y, por el otro, se acrecentaba la difusión y aceptación de los postulados del modelo social, sobre todo en organizaciones de personas en situación de discapacidad, la OMS ensaya una alternativa de síntesis de ambos enfoques. La CIF proporciona una descripción de situaciones relacionadas con el funcionamiento humano y las restricciones, y sirve como marco de referencia para organizar esta información(11). El funcionamiento de un individuo es entendido como una relación compleja o interacción entre la condición de salud(12) y los factores ambientales. En este esquema los factores ambientales interactúan con la persona con una condición de salud e influyen positivamente o negativamente en el nivel y la extensión del funcionamiento de esa persona.
En este marco, la discapacidad ya no es construida como una consecuencia o derivación de una deficiencia, sino como un término genérico que incluye:
- Las deficiencias en las funciones y estructuras corporales,
- Las limitaciones en la actividad y
- Las restricciones en la participación.
De esta manera es explicada como la resultante de la interacción entre un individuo (con deficiencias) y los factores ambientales que constituyen el ambiente físico, social y actitudinal en el que una persona vive y conduce su vida. Factores externos al individuo. Es decir, indica los aspectos negativos de esa interacción. Como se mencionó anteriormente, los factores ambientales ejercen una influencia positiva o negativa en el nivel y extensión del funcionamiento de las personas. De este modo, se configurarán en barreras cuando a través de su ausencia o presencia limiten el funcionamiento y generen discapacidad; o en facilitadores si al contrario, mejoran el funcionamiento de una persona y reducen la discapacidad(13).
La CIF introdujo fundamentalmente un cambio en la terminología y sus aportes centrales pueden resumirse en:
1. Propiciar la articulación y realizar un esfuerzo de síntesis de dos enfoques notoriamente antagónicos como lo son el modelo individual y el social.
2. Promover la utilización de una terminología neutral y positiva al definir y clasificar la discapacidad.
3. Plantear de manera incipiente la distinción entre enfermedad y discapacidad. A partir de lo cual aparentemente supera la mono-causalidad biológica atribuida al fenómeno.
4. Incorporar además de los factores biológicos y psicológicos, los condicionantes ambientales y contextuales, en la construcción conceptual del fenómeno de la discapacidad.
Ahora bien, creemos que esta clasificación no está exenta de limitaciones:
1. Pese a que actualmente constituye el sistema conceptual oficial para describir, interpretar y clasificar el funcionamiento humano y la discapacidad, es escasamente aplicada -al menos en nuestro medio- quizás por la complejidad que presenta su nomenclatura, sus componentes y su esquema de codificación. En ese sentido, debido a su lenguaje y terminología específica, su utilización queda restringida a algunos profesionales de la medicina.
2. Si bien propone términos positivos y neutros para definir el fenómeno de la discapacidad, los conceptos que se objetivan en esos términos son análogos a los de la CIDDM de los años „80. Dicho de otro modo, bajo la apariencia de “nuevos términos” la CIF conserva aún los conceptos propios del modelo medicalizado. En ese marco, es coherente que preserve el supuesto de la normalidad funcional que postula el saber médico.
El Modelo de la Diversidad
Bajo este rótulo encontramos a una nueva perspectiva conceptual, una nueva manera de entender el fenómeno de la discapacidad, cuyos principales referentes definen como una derivación y superación del modelo Social. Se plantea que los modelos a partir de los cuales se ha interpretado, definido e intervenido en el campo de la discapacidad revelan agudas limitaciones a la hora de abordar las situaciones de discriminación persistente que históricamente han signado a las personas en situación de discapacidad, y a la hora de enfrentar los nuevos desafíos que se presentan en el campo de la bioética(14). Este modelo basado en los postulados del Movimiento de Vida Independiente(15), es sugerido, a finales del año 2006 en España, por el licenciado en Informática Javier Romañach y la abogada argentina Agustina Palacios, quienes proponen la articulación de la Bioética y los fundamentos de los Derechos Humanos como herramientas para alcanzar un cambio social profundo necesario e imprescindible para la plena igualdad de oportunidades y la no discriminación de la población en situación de discapacidad(16). Para construir este modelo, sus autores toman a su vez, como insumo fundamental, las reflexiones planteadas en el Foro de Vida Independiente de España(17) quienes a principios del año 2005 proponen, y empiezan a utilizar, un nuevo concepto expresado en el término “diversidad funcional” para sustituir a otros de semántica peyorativa como “discapacidad”, “minusvalía”, “invalidez”, etc.(18)Partiendo del reconocimiento de que la diversidad, la diferencia es un atributo inherente a la propia existencia del ser humano, se refieren a personas con cuerpos u órganos que funcionan de manera diferente a la mayoría estadística de la sociedad, y que por motivo de esa diferencia, realizan las tareas habituales de todo humano de maneras diferentes a las convencionales(19). En este sentido, trascienden las discusiones sobre la causalidad del fenómeno y conciben a la diversidad funcional como un elemento enriquecedor al interior de la pluralidad humana, como una manifestación más de la diversidad de la especie. Además de los acertados planteos relacionados con la diversidad humana, otro núcleo central de esta perspectiva es el acento atribuido al concepto de dignidad humana. Argumentan que la dignidad constituye una cualidad inmanente a la esencia del ser humano y que su minusvaloración en las personas con diversidad funcional es responsable de las situaciones de discriminación y desigualdad persistente que padecen(20). En otros términos, nos alertan sobre su no-reconocimiento como personas. De esta manera, plantean que éste es el problema de fondo que los otros modelos no alcanzan a percibir, y por ende, a resolver. Afirman que las personas con diversidad funcional son discriminadas, a su vez, por su condición biológica, por su corporeidad diferente a la de la mayor parte de la población, que no les permite realizar las mismas funciones de igual manera que esa mayoría. Es ésa situación de discriminación la que los impulsa a agruparse e identificarse
como un grupo humano que debe luchar por el reconocimiento de sus derechos y por oportunidades efectivas en la sociedad. Discriminación que se expresa en segregación, exclusión e inferiorización, y que al encontrarse naturalizada en el imaginario social, no es percibida por el resto de la sociedad, e incluso por muchos miembros del colectivo(21). Como se puede advertir, además de plantear que en las sociedades occidentales se acepta acríticamente que las personas con diversidad funcional sean apartadas de los espacios públicos de la vida social, de manera sugerente nos proponen que es la discriminación y no la propia diferencia funcional la que delimita la pertenencia al colectivo.Por otro lado, este enfoque cuestiona de manera consistente la noción de “normalidad”. Se expone que las maneras en que se construye nuestro entorno dependen de lo que se ha enseñado que es “normal” en sentido estadístico. Así, se alude que lo “normal” es solo una ficción estadística de carácter meramente instrumental que se refiere a lo corriente, a lo más frecuente. Bajo esa lógica, se ha creado una sociedad en la que no se ha considerado la posibilidad de contemplar plenamente la diversidad en todos sus ámbitos. Por el contrario en la construcción del entorno social, físico y mental, ha primado la discriminación de todo aquel que es diferente(22). Estimamos que esta perspectiva introduce varios aportes a las actuales discusiones tendientes a repensar este fenómeno social:
1. Plantear un sustancial cambio conceptual y no solo terminológico como el modelo Bio-Psico-Social de la CIF-OMS. Referirse a Diversidad Funcional como concepto superador del tradicional concepto de Discapacidad, implica un aporte que constituye un auténtico cambio de paradigma.
2. Trascender “el mito del cuerpo perfecto, del cuerpo completo” proclamado por el saber médico occidental. Es decir, supera el principio subyacente a partir del cual se construyen los tres modelos anteriores y que al parecer adquiere un carácter natural, se hace alusión al supuesto de la normalidad biomédica. Por el contrario esta perspectiva se fundamenta en el principio de la diversidad humana concebida como una característica inherente y constitutiva del hombre y la sociedad.
3. Incorporar la Dignidad Humana y la Bioética como ejes centrales de su estructura conceptual.4. Postular el reconocimiento y ejercicio pleno de derechos humanos, y no solo de libertades individuales, como exige el modelo Social.
5. Considerar, al igual que el modelo Social, la experiencia personal de las personas en situación de discapacidad como un componente fundamental en la construcción del modelo. No obstante, debido a su incipiente desarrollo conceptual, quizás presente como mayor limitación el contar con escasas experiencias de aplicabilidad.
ALGUNAS CONCLUSIONES
A partir de esta sucinta revisión de los modelos a través de los cuales se define e interviene en el campo de la discapacidad, percibimos que los fundamentos del modelo Individual configuran la perspectiva hegemónica en nuestro medio. Durante décadas representó, y continúa significando, el discurso oficial sobre cómo definir, entender y clasificar la discapacidad, y por ende, sobre como relacionarse y tratar a las personas en situación de discapacidad. Es decir, determinó las “formas correctas” de conceptualizar el fenómeno, como los lineamientos a partir de los cuales se realizan los abordajes en la práctica. Así, sus premisas fueron incorporadas rigurosamente en el diseño, formulación e implementación de la legislación vigente, los censos de población, las políticas públicas, los programas sociales, los proyectos de intervención, las propuestas de abordaje institucional de Fundaciones educativas, laborales y terapéuticas, los currículos universitarios, los trabajos de investigación, etc. En síntesis, su influencia fue y sigue siendo elocuente. Su mayor legado es la tipología que aún hoy se enseña en nuestras universidades, se aplica en encuestas y se utiliza en la elaboración de los denominados “certificados de discapacidad”. Se hace referencia a la tradicional escala que categoriza “las discapacidades” y sus grados según sean auditivas, sensoriales, físicas y/o mentales. Por otro lado, y en coherencia con el predominio del enfoque individual y medicalizado, gran parte de las propuestas de intervención e investigación sobre la temática, se remiten exclusivamente a sus “formas fenoménicas”, prescindiendo de la causalidad estructural que la determina. Los esfuerzos de cuantificación, como de tratamiento y análisis de sus efectos, indicadores o manifestaciones se remiten a la “apariencia externa del fenómeno” y por ende, no llegan a su comprensión real(23). Siguiendo algunos de los planteos del modelo Social y del modelo de la Diversidad, consideramos que la naturaleza real de este fenómeno se encuentra en el Régimen de Organización Social vigente y los patrones de exclusión-inclusión que genera en un momento histórico determinado. Régimen en el que subyace una concepción de cuerpo humano basada en la ilusión médica de la normalidad funcional o normalidad biomédica, como una de sus pautas fundamentales de estructuración.
La preeminencia de esta representación de cuerpo normal impuesta por la medicina moderna determina en la práctica la exclusión y marginación social de aquellas personas cuyos cuerpos no coinciden con el canon ideal que postula el saber médico. En este sentido, las diferencias bio-físicas son entendidas como deficiencias, anormalidades, limitaciones, alteraciones, insuficiencias, defectos, etc.
Estos planteos no implican una negación ingenua de las diferencias bio-físicas “reales” que presentan algunas personas, en comparación con la mayor parte de la población. Esas diferencias son admitidas, pero no como expresión de “lo anormal”, sino como una manifestación más de la diversidad humana.
De esta manera, si adoptamos la actual “definición oficial” de discapacidad de la CIF-OMS donde es concebida como “término genérico que engloba las limitaciones en la actividad y las restricciones en la participación”, nos situamos ante un proceso social de discapacitación de aquellas personas que no concuerdan con el modelo de cuerpo pregonado por el saber médico. Se hace referencia a la construcción social de entornos, situaciones y actitudes discapacitantes producto de la naturalización de estos criterios de normalidad.
Desde esta perspectiva la discapacidad no es una condición o un atributo personal sino una situación construida socialmente, una creación humana que todos producimos día a día a partir de nuestras actitudes, nuestras acciones y nuestras omisiones en un contexto pensado, diseñado y construido según parámetros convencionales y estereotipos de normalidad biomédica.
Se construye discapacidad desde el discurso profesional y el discurso coloquial cotidianamente, al desplegar eufemismos como “los de capacidades diferentes”, “los de capacidades especiales”. Desde la infantilización de las personas con diferencias bio-físicas, “los chicos discapacitados”, o su victimización a partir de la doctrina de la caridad y de la lástima.
Se discapacita a través de la exclusión, pensando en aquel “diferente” a partir de su diferencia bio-física, atributo a partir del cual se lo categoriza y que se impone sobre su dignidad humana, aquello que nos define como personas. Se construye discapacidad a través de la distancia física, el cruzar de vereda, el desviar la mirada, el murmullar compasivamente. Discapacitan las barreras del prejuicio y del desconocimiento, el temor a comprobar y permitirnos el asombro o el surgimiento de nuevas preguntas. Discapacita el no, el silencio…La discapacidad no se encuentra en los cuerpos de aquellas personas que poseen diferencias bio-físicas, la discapacidad se construye en el cuerpo social.